Más allá de los flecos

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TZITZIT

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Nuestra parashá concluye con uno de los grandes mandamientos del judaísmo: los tzitzit, los flecos que se usan en las esquinas de nuestras vestimentas como un recordatorio permanente de nuestra identidad como judíos y de nuestra obligación de cumplir los mandamientos de la Torá:

El Señor dijo a Moshé: "Habla a los hijos de Israel y diles que se hagan flecos en las esquinas de sus vestiduras por todas sus generaciones. En cada fleco de las esquinas pondrán un cordón azul. Estos serán vuestros flecos: al verlos recordaréis todos los mandamientos del Señor y los cumpliréis. Así no os desviaréis siguiendo los deseos de vuestro corazón y de vuestros ojos. Esto os recordará que debéis cumplir todos Mis mandamientos y ser santos para vuestro Dios".

Núm. 15:37-40

Tan central es este mandamiento que se convirtió en el tercer párrafo del Shemá, la declaración suprema de la fe judía. Una vez escuché el siguiente comentario de mi maestro, el Rabino Dr. Najum Rabinovitch.

Comenzó señalando algunas de las características extrañas de este mandamiento. Por un lado, los Sabios dijeron que el mandamiento de los tzitzit equivale a todos los demás mandamientos juntos, como está dicho: "Lo miraréis y recordaréis todos los mandamientos del Señor y los cumpliréis". Tiene, por lo tanto, una importancia fundamental.

Por otro lado, no es absolutamente obligatorio. Es posible evitar por completo el mandamiento de los flecos simplemente no usando una vestimenta de cuatro o más esquinas. Maimónides dictamina: "Aunque una persona no está obligada a adquirir una túnica [de cuatro esquinas] y envolverse en ella para cumplir el mandamiento de los tzitzit, no es apropiado que una persona piadosa se exima de este mandamiento". (Leyes de Tzitzit 3:11) Es importante y digno de elogio, pero no categórico. Es condicional: si tienes una vestimenta de ese tipo, entonces debes colocarle flecos. ¿Por qué? Seguramente debería ser obligatorio, del mismo modo que lo son los tefilín (filacterias).

Existe otro fenómeno inusual. Con el paso del tiempo, la costumbre evolucionó hasta cumplir este mandamiento de dos maneras muy diferentes: la primera, en forma de talit (manto de oración), que se usa sobre la ropa, específicamente durante la plegaria; la segunda, en forma de una prenda interior, usada debajo de la ropa exterior durante todo el día.

No sólo cumplimos un mismo mandamiento de dos maneras distintas. También pronunciamos bendiciones diferentes sobre cada una de estas formas. Sobre el talit decimos: "que nos ha santificado con Sus mandamientos y nos ha ordenado envolvernos en una vestimenta con flecos". Sobre la prenda interior decimos: "que nos ha santificado con Sus mandamientos y nos ha ordenado respecto al precepto de los tzitzit". ¿Por qué un mismo mandamiento está dividido de esta manera?

El Rabino Rabinovitch ofreció la siguiente respuesta: existen dos clases de vestimenta. Están las ropas que usamos para proyectar una imagen. Un rey, un juez o un soldado usan prendas que ocultan al individuo y, en cambio, proclaman un papel, un cargo o un rango. En ese sentido, la ropa, especialmente los uniformes, puede ser engañosa. Un rey vestido como mendigo no será reconocido como realeza (o no lo habría sido antes de la televisión). Un mendigo vestido como rey puede encontrarse recibiendo honores. Un policía vestido de uniforme lleva consigo cierta autoridad, un aura de poder, aunque por dentro se sienta nervioso e inseguro. La ropa disfraza. Es como una máscara que oculta a la persona que hay debajo. Estas son las ropas que usamos en público cuando queremos causar una determinada impresión.

Pero hay otras prendas que usamos cuando estamos solos, y que pueden transmitir con más fuerza que cualquier otra cosa la clase de persona que realmente somos: el artista en su estudio, el escritor en su escritorio, el jardinero cuidando sus rosas. No se visten para causar una impresión. Por el contrario, se visten así debido a lo que son, no debido a lo que desean parecer.

Las dos clases de tzitzit representan estas dos formas de vestir. Cuando rezamos, sentimos en nuestro corazón cuán indignos podemos ser de las elevadas exigencias que Dios ha puesto sobre nosotros. Sentimos la necesidad de presentarnos ante Dios como algo más que simplemente nosotros mismos. Nos cubrimos con el manto, el talit, el gran símbolo del pueblo judío en oración. Ocultamos nuestra individualidad; en el lenguaje de la bendición del talit, "nos envolvemos en una vestimenta con flecos". Es como si le dijéramos a Dios: puede que yo sea apenas un mendigo, pero llevo puesto un manto real, el manto de Tu pueblo Israel que Te ha rezado a lo largo de los siglos, a quien mostraste un amor especial y tomaste como propio. El talit oculta a la persona que somos y representa a la persona que nos gustaría ser, porque en la plegaria le pedimos a Dios que nos juzgue no por lo que somos, sino por lo que deseamos ser.

Sin embargo, el simbolismo más profundo de los tzitzit es que representan los mandamientos en su totalidad ("lo miraréis y recordaréis todos los mandamientos del Señor"), y éstos sólo se convierten en parte de lo que somos cuando los aceptamos sin coerción, por nuestra propia voluntad. Por eso el mandamiento de los tzitzit no es categórico. No estamos obligados a cumplirlo. No estamos obligados a comprar una vestimenta de cuatro esquinas. Cuando lo hacemos, es porque elegimos hacerlo. Nos obligamos a nosotros mismos. Por eso la decisión de usar tzitzit simboliza la aceptación libre de todas las obligaciones de la vida judía.

Éste es el aspecto más interior, íntimo y profundamente personal de la fe, mediante el cual en lo más profundo de nuestra alma nos dedicamos a Dios y a Sus mandamientos. No tiene nada de público. No es para exhibición externa. Es lo que somos cuando estamos solos, sin tratar de impresionar a nadie, sin querer aparentar lo que no somos. Éste es el mandamiento de los tzitzit como prenda interior, debajo y no encima de nuestra ropa. Sobre esta forma pronunciamos una bendición diferente. No hablamos de "envolvernos en una vestimenta con flecos", porque esta forma de flecos no está destinada a la apariencia exterior. No intentamos ocultarnos bajo un uniforme. Por el contrario, estamos expresando nuestro compromiso más íntimo con la palabra de Dios y con Su llamado hacia nosotros. Sobre ella decimos la bendición "que nos ha ordenado respecto al precepto de los tzitzit", porque lo que importa no es la máscara sino la realidad, no cómo deseamos parecer, sino lo que realmente somos.

De esta manera tan impactante, los tzitzit representan la doble naturaleza del judaísmo. Por un lado, es una forma de vida pública, comunitaria, compartida con otros judíos en todo el mundo y a través de las generaciones. Observamos el Shabat, celebramos las festividades y cumplimos las leyes dietéticas y las leyes de pureza familiar de una manera que apenas ha variado durante muchos siglos. Éste es el rostro público del judaísmo: el talit que vestimos, el manto tejido con 613 hilos, cada uno de ellos un mandamiento de Dios.

Pero también está nuestra vida interior como personas de fe. Hay cosas que podemos decirle a Dios que no podemos decirle a nadie más. Él conoce nuestros pensamientos, esperanzas y temores mejor de lo que nosotros mismos los conocemos. Le hablamos en la intimidad del alma, y Él escucha. Esa conversación interior – la apertura de nuestro corazón a Aquel que nos trajo a la existencia con amor – no es para exhibición pública. Como la prenda interior con flecos, permanece oculta. Pero no es menos real como aspecto de la espiritualidad judía. Los dos tipos de vestimenta con flecos representan las dos dimensiones de la vida de fe: el personaje público y la persona interna, la imagen que presentamos al mundo y la cara que mostramos sólo a Dios.


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  1. ¿Actúas de manera diferente cuando sabes que otras personas te están observando?
  2. ¿Te sientes diferente cuando llevas un uniforme (o cuando estás vestido para la sinagoga, la escuela o el trabajo) en comparación con cuando llevas tu ropa favorita en casa?
  3. ¿Por qué a veces es más difícil hacer lo correcto cuando nadie llegará a saberlo?

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