¿Por qué Moshé no estaba destinado a entrar en la Tierra?

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Es uno de los pasajes más desconcertantes, e incluso perturbadores, de la Torá. A Moshé, el pastor fiel, que condujo a los israelitas durante cuarenta años, se le dice que no vivirá para cruzar el Jordán y entrar en la Tierra Prometida.

Nadie ha proyectado una sombra más larga sobre la historia del pueblo judío que Moshé: el hombre que enfrentó al faraón, anunció las plagas, sacó al pueblo de Egipto, lo condujo a través del mar y del desierto y soportó su constante ingratitud; quien llevó la palabra de Dios al pueblo y rezó por el pueblo ante Dios. El nombre Israel significa "el que lucha con Dios y con los hombres y prevalece". Ese fue, de manera suprema, Moshé, el hombre cuya pasión por la justicia y extraordinaria sensibilidad a la voz de Dios lo convirtieron en el más grande líder de todos los tiempos. Sin embargo, no estaba destinado a entrar en la tierra hacia la cual había dirigido todo su recorrido como líder. ¿Por qué?

El texto bíblico en este punto es, al mismo tiempo, de una claridad luminosa y de una profunda oscuridad. Los hechos no están en duda. Han pasado casi cuarenta años desde el Éxodo. La mayor parte de la generación que recordaba Egipto ha muerto. También Miriam, la hermana de Moshé, ha fallecido. El pueblo ha llegado a Kadesh, en el desierto de Tzin, y ahora está cerca de su destino. Sin embargo, en su nuevo campamento se encuentra sin agua. Se quejan:

"¿Por qué trajeron la congregación del Señor a este desierto para que muramos aquí, nosotros y nuestro ganado? ¿Por qué nos hicieron subir de Egipto para traernos a este lugar horrible donde no hay grano, ni higos, ni viñas, ni granadas? ¡Y tampoco hay agua para beber!"

Núm. 20:4-5

El tono, el capricho infantil, resultan demasiado familiares. Los israelitas apenas se habían apartado de él durante todo ese tiempo. Sin embargo, de pronto experimentamos no un déjà vu, sino una tragedia:

Moshé y Aharón se apartaron de la asamblea hacia la entrada de la Tienda de Reunión. Cayeron sobre sus rostros y la gloria del Señor se les apareció. Entonces el Señor habló a Moshé: "Toma la vara, tú y tu hermano Aharón, y reúne a la comunidad. Hablen a la roca ante los ojos de ellos y ella dará su agua. Harás salir agua de la roca para ellos y darás de beber a la comunidad y a sus animales". Moshé tomó la vara de delante del Señor, como Él le había ordenado. Moshé y Aharón reunieron a la congregación delante de la roca. Y él les dijo: "¡Escuchen ahora, rebeldes! ¿Acaso haremos salir agua para ustedes de esta roca?" Entonces Moshé levantó la mano y golpeó la roca dos veces con su vara. El agua brotó en abundancia, y la comunidad y sus animales bebieron. Pero el Señor dijo a Moshé y Aharón: "Porque no confiaron en Mí para santificarme ante los ojos de los israelitas, no introducirán a esta congregación en la tierra que les he dado".

Núm. 20:6-12

¿Dónde se equivocó Moshé? ¿Cuál fue su pecado? ¿Qué falta podía justificar un castigo tan severo como no tener el privilegio de contemplar la culminación de la misión que Dios le había encomendado?

Pocos pasajes han generado tanta controversia entre los comentaristas. Cada uno ofrece su propia interpretación y cuestiona las demás. Fueron tantas las hipótesis que el exegeta italiano del siglo XIX, el Rabino Shmuel David Luzzatto, comentó: "Moshé cometió un solo pecado, ¡pero los comentaristas lo han acusado de trece o más, inventando cada uno una nueva iniquidad!" Un estudioso moderno (Rabino Aaron Rother, Shaarei Aharon) enumera nada menos que veinticinco enfoques distintos, y existen muchos más.

Los más significativos son los siguientes: Rashi, ofreciendo la explicación más simple y conocida, sostiene que el pecado de Moshé consistió en golpear la roca en lugar de hablarle. Si hubiera hecho lo que se le ordenó, el pueblo habría aprendido una lección inolvidable: "Si una roca, que no habla ni oye y no necesita sustento, obedece la palabra de Dios, cuánto más nosotros debemos hacerlo".

Rambam (Maimónides) sostiene que el pecado de Moshé fue su enojo, expresado en las palabras intempestivas: "¡Escuchen ahora, rebeldes!". Sin duda, en cualquier otra persona esto habría sido una falta menor. Sin embargo, cuanto más grande es la persona, más exigentes son los estándares que Dios le impone. Moshé no era solamente un líder, sino el modelo supremo de los israelitas. Al observar su conducta, el pueblo pudo haber concluido que la ira es aceptable o incluso que Dios estaba enojado con ellos, cuando no era así.

Rambán (Najmánides), siguiendo una sugerencia de Rabenu Jananel, afirma que el pecado estuvo en decir: "¿Acaso haremos salir agua para ustedes de esta roca?", implicando que el asunto dependía de la capacidad humana y no del milagro y la gracia divinos.

Rabí Yosef Albo y otros (incluido Ibn Ezra) sugieren que la falta estuvo en que Moshé y Aharón huyeron de la congregación y cayeron sobre sus rostros, en lugar de mantenerse firmes, confiados en que Dios respondería a sus plegarias.

Abarbanel presenta una sugerencia ingeniosa: Moshé y Aharón no fueron castigados por lo que hicieron en ese momento. Más bien, sus faltas pertenecían a un pasado lejano. Aharón pecó al hacer el Becerro de Oro. Moshé pecó al enviar a los espías. Esas fueron las verdaderas razones por las que no tuvieron el privilegio de entrar en la tierra. Sin embargo, para preservar su honor, la Torá no explicita esos pecados. El episodio de la roca fue la causa inmediata, pero no la causa profunda.

Más recientemente, el difunto Rav Shaj sugirió que Moshé pudo haber estado justificado al reprender al pueblo, pero se equivocó en el orden de los acontecimientos. Primero debía haberles dado agua, demostrando así el poder y la providencia de Dios. Sólo después, una vez que hubieran bebido, debía haberlos amonestado.

Sin embargo, persisten varias dificultades. La primera es que el propio Moshé atribuyó la negativa de Dios a permitirle entrar en la tierra a Su enojo con el pueblo, no solamente con él:

"En aquel tiempo supliqué al Señor: 'Señor Dios, Tú has comenzado a mostrar a Tu siervo Tu grandeza y Tu mano poderosa. ¿Qué poder hay en los cielos o en la tierra que pueda hacer obras y actos poderosos como los Tuyos? Te ruego que me permitas cruzar y ver la buena tierra que está al otro lado del Jordán, esa buena montaña y el Líbano'. Pero el Señor se enojó conmigo por causa de ustedes y no me escuchó".

Deut. 3:23

De manera similar, el Salmo 106 afirma:

"Lo irritaron junto a las aguas de Merivá, y a Moshé le fue mal por causa de ellos".

Sal. 106:32

La segunda dificultad es que, cualquiera que haya sido el pecado de Moshé, sigue existiendo una desproporción entre la falta y el castigo. Gracias a las plegarias de Moshé, Dios perdonó a los israelitas. ¿No podía perdonar también a Moshé? Privarlo de contemplar el cumplimiento de toda una vida de esfuerzos parece excesivamente severo. Según el Talmud, cuando los ángeles fueron testigos de la muerte de Rabí Akiva, dijeron: “¿Esta es la Torá, y esta es su recompensa?” Podrían haber hecho el mismo cuestionamiento acerca de Moshé.

La tercera es el hecho intrigante de que, en una ocasión anterior y bajo circunstancias muy similares, Dios le había ordenado específicamente a Moshé tomar su vara y golpear la roca: precisamente el acto por el cual ahora, según Rashi y muchos otros, fue castigado.

Pero el pueblo tenía sed de agua. Murmuró contra Moshé: "¿Por qué nos sacaste de Egipto? ¿Para hacernos morir de sed a mí, a mis hijos y a mi ganado?" Entonces Moshé clamó al Señor: "¿Qué haré con este pueblo? Poco más y me apedrean". El Señor respondió a Moshé: "Pasa delante del pueblo, llevando contigo a algunos ancianos de Israel. Toma en tu mano la vara con la que golpeaste el Nilo y ve. Yo estaré delante de ti junto a la roca en Jorev. Golpearás la roca y saldrá agua de ella, y el pueblo beberá".

Éx. 17:3-6

Con la mayor cautela posible, quizás podamos proponer una explicación que integre las demás y arroje luz sobre lo que de otro modo parece un misterio impenetrable.

El Talmud (Avodá Zará 5a) contiene la siguiente enseñanza de Resh Lakish:

¿Qué significa el versículo: "Este es el libro de las generaciones de Adam"? ¿Acaso Adam tenía un libro? Más bien enseña que el Santo, bendito sea, mostró a Adam por anticipado cada generación y sus intérpretes, cada generación y sus sabios, cada generación y sus líderes.

Uno de los rasgos más llamativos del judaísmo es que no está centrado en una sola figura fundadora que domine toda su historia. Por el contrario, cada época produjo sus propios líderes, distintos unos de otros tanto en personalidad como en el tipo de liderazgo que ejercieron. Primero vino la era de los patriarcas y matriarcas. Luego Moshé y su discípulo Ieoshúa. Después una sucesión de figuras conocidas como "Jueces", aunque su función era más militar que judicial. Con Shaúl nació la monarquía, aunque incluso entonces los reyes no eran los únicos líderes: también estaban los profetas y los sacerdotes. Con Ezra aparece una nueva figura: el escriba, el maestro como héroe. Más tarde surgieron los ancianos, los sabios y los maestros de la halajá y la agadá. Durante el período de la Mishná, el líder del pueblo judío era conocido como Nasí y más tarde, en Babilonia, como Resh Galutá o Exilarca. El Jatam Sofer en una de sus responsas (Oraj Jaím, 12) nota que a pesar que el Nasí era un erudito, su rol era tanto político como educativo y espiritual. Él era, de heho, un rey sustituto. La Edad Media vio el surgimiento de nuevos tipos: comentaristas, codificadores, filósofos y poetas, junto a una rica variedad de estructuras de liderazgo, algunas laicas, algunas rabínicas, algunas una combinación de ambas.

El liderazgo es una función del tiempo. Existe una famosa discusión acerca de Noaj, a quien la Torá describe como "perfecto en sus generaciones". Según una opinión, si hubiera vivido en una época más justa habría sido aún más grande. Según otra, habría sido simplemente uno entre muchos. Lo cierto es que cada generación produce el liderazgo adecuado para ella. El Talmud afirma que Ezra era digno de haber entregado la Torá a Israel si Moshé no lo hubiera precedido. En otro pasaje se dice que el propio Moshé pidió a Dios que la Torá fuera entregada por medio de Rabí Akiva y no por él. Podemos especular indefinidamente sobre los "qué hubiera pasado si...", pero cada uno de nosotros es colocado en el mundo en un tiempo que no eligió, y no tiene otra opción que vivir dentro de sus desafíos y limitaciones particulares. Por eso no comparamos líderes. No existen estándares eternos para juzgarlos. Como dijeron los Sabios:

"Yerubaal en su generación fue como Moshé en la suya; Bedán en su generación fue como Aharón en la suya; Iftaj en su generación fue como Shmuel en la suya."

Cada época produce sus líderes, y cada líder es producto de una época. Puede haber ciertas verdades eternas acerca del liderazgo. Un líder debe poseer coraje e integridad. Debe ser capaz, dicen los Sabios, de relacionarse con cada individuo según sus necesidades particulares. Por encima de todo, debe seguir aprendiendo constantemente. Pero estas son condiciones necesarias, no suficientes. Un líder debe ser sensible al llamado de la hora: esta hora, esta generación, este capítulo de la larga historia de un pueblo. Y puesto que pertenece a una generación específica, incluso el líder más grande no puede responder a los desafíos de una generación diferente. Eso no es un defecto. Es la condición existencial de la humanidad.

El hecho notable acerca de Moshé y la roca es la forma en que él siguió el precedente. Casi cuarenta años antes, en circunstancias similares, Dios le había dicho que tomara su vara y golpeara la roca. Ahora también Dios le dijo que tomara su vara. Evidentemente, Moshé dedujo que debía actuar como la vez anterior. Y eso fue exactamente lo que hizo. Golpeó la roca. Lo que no comprendió fue que el tiempo había cambiado en un aspecto esencial. Ahora enfrentaba a una nueva generación. La primera vez se encontraba frente a personas que habían pasado gran parte de sus vidas como esclavos en Egipto. Ahora estaba frente a personas nacidas libres en el desierto.

Existe una diferencia fundamental entre esclavos y personas libres. Los esclavos responden a órdenes. Las personas libres no. Deben ser educadas, informadas, instruidas y enseñadas, porque de otro modo no aprenderán a asumir responsabilidad. Los esclavos entienden que una vara sirve para golpear. Así es como los amos obligan a obedecer. De hecho, el primer encuentro de Moshé con su pueblo fue cuando vio a un egipcio golpeando a un israelita. Pero a las personas libres no se las debe golpear. Ellas responden no al poder, sino a la persuasión. Necesitan que se les hable. Lo que Moshé no oyó, y quizás no pudo comprender plenamente, fue que la diferencia entre la orden de entonces y la de ahora ("golpea la roca" y "habla a la roca") era esencial. El simbolismo de cada una estaba cuidadosamente ajustado a la mentalidad de dos generaciones distintas. A un esclavo se lo golpea. A una persona libre se le habla.

La incapacidad de Moshé para percibir esta diferencia no fue una falla, y mucho menos un pecado. Fue una consecuencia inevitable del hecho de que era mortal. La persona capaz de conducir esclavos hacia la libertad no es necesariamente la misma capaz de conducir seres humanos libres desde una existencia nómada en el desierto hacia la conquista y asentamiento en una tierra. Son desafíos distintos. Y requieren distintos tipos de liderazgo. Toda la historia bíblica de cómo un viaje corto terminó durando cuarenta años nos enseña precisamente esta verdad. Los grandes cambios no ocurren de la noche a la mañana. Requieren más de una generación. Y por lo tanto, más de un tipo de líder. Moshé no podía convertirse en Ieoshúa, del mismo modo que Ieoshúa no podía ser otro Moshé. El hecho de que, en un momento de crisis, Moshé recurriera a una acción que había sido apropiada cuarenta años antes demostraba que había llegado el momento de transferir el liderazgo a una nueva generación. Es una señal de su grandeza que el propio Moshé reconociera este hecho y tomara la iniciativa de pedir a Dios (en Bamidbar, capítulo 27) que designara un sucesor.

Si esta interpretación es correcta, entonces Moshé no pecó ni fue castigado. Es cierto que la Torá utiliza expresiones asociadas al pecado: "No creyeron en Mí", "Se rebelaron contra Mí", "Me fueron infieles", "No Me santificaron". Pero estas expresiones pueden referirse, como sugieren varios comentaristas (ver la décima interpretación de Abarbanel, y el comentario de Luzzato), no a Moshé y Aharón sino al pueblo y al episodio en su conjunto. Eso explicaría por qué Moshé dijo que "Dios se enojó conmigo por causa de ustedes".

El hecho de que Moshé no estuviera destinado a entrar en la Tierra Prometida no fue un castigo, sino la condición misma de su mortalidad, y de la nuestra. También resulta claro por qué este episodio aparece en la parashá de Jukat, que comienza con el rito de la Vaca Roja y la purificación del contacto con la muerte. También comprendemos por qué sigue inmediatamente al fallecimiento de Miriam, hermana de Moshé y Aharón. La ley y la narrativa están aquí entrelazadas en una serie de variaciones sobre la inevitabilidad de la muerte y la continuidad de la vida. Para cada uno de nosotros existe un Jordán que no cruzaremos, por mucho que vivamos o por lejos que viajemos. "No te corresponde completar la tarea", dijo Rabí Tarfón, "pero tampoco eres libre de desentenderte de ella". Pero esto no es inherentemente trágico. Lo que nosotros comenzamos, otros lo completarán, si les hemos enseñado cómo hacerlo.

Moshé fue un gran líder, el más grande de todos los tiempos. Pero también fue el maestro supremo. La diferencia es que su liderazgo duró cuarenta años, mientras que sus enseñanzas han perdurado más de tres mil años. (Por eso lo llamamos Moshé Rabenu, "Moshé nuestro maestro", y no "Moshé nuestro líder"). Esto no disminuye la importancia del liderazgo; por el contrario. Si Moshé hubiera sido solamente un maestro y no un líder, los israelitas nunca habrían salido de Egipto. El mensaje de la roca no es que el liderazgo no importe. Es que el liderazgo debe pertenecer a su tiempo. Un maestro puede vivir en el mundo de los textos antiguos y las esperanzas lejanas, pero un líder debe escuchar la música de su época y responder a las necesidades y posibilidades del presente.

Los grandes líderes son aquellos que, conocedores del pasado de un pueblo y comprometidos con su futuro ideal, son capaces de llevar a sus contemporáneos en el largo viaje del exilio a la redención, sin añorar un tiempo que ya fue ni precipitarse hacia una época que todavía no puede ser. Y, como Moshé comprendió más profundamente que cualquier otro ser humano, los grandes líderes son también maestros, que capacitan a quienes vienen después para continuar lo que ellos han comenzado.


questions spanish table 5783 preguntas paea la mesa de shabat
  1. Moshé cometió un error humano de juicio. ¿Eso lo hace menos impresionante a tus ojos?
  2. Piensa en otros líderes de las historias del Tanaj. ¿Cuáles tuvieron momentos que los hicieron parecer más humanos? ¿Qué nos enseñan esos momentos acerca de su liderazgo?
  3. ¿Se puede ser un líder verdaderamente grande sin ser también humilde?

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