La fe como travesía

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En su relato de las festividades del año judío, la parashá de esta semana contiene la siguiente declaración:

"Durante siete días habitarán en cabañas (sucot). Todos los nacidos en Israel habitarán en cabañas, para que las generaciones futuras sepan que hice habitar a los hijos de Israel en cabañas cuando los saqué de la tierra de Egipto; Yo soy el Señor su Dios."

(Vaikrá 23:42–43)

Qué significa esto con precisión fue objeto de desacuerdo entre dos grandes maestros de la era de la Mishná, Rabí Eliezer y Rabí Akiva. Según el Talmud Babilónico (Sucá 11a), Rabí Eliezer sostiene que la referencia es a las Nubes de Gloria que acompañaron a los israelitas en su travesía por el desierto. Rabí Akiva sostiene que el versículo debe entenderse en el sentido literal del texto (sucot mamash). Significa “cabañas” – ni más ni menos.

Una diferencia de opinión similar existe entre los grandes comentaristas judíos medievales. Rashi y Ramban favorecen la interpretación de las “Nubes de Gloria”. Ramban cita como prueba la profecía de Isaías acerca del fin de los días:

"Entonces el Señor creará sobre todo el monte Sión y sobre los que se congreguen en él una nube de humo durante el día y un resplandor de fuego llameante durante la noche; sobre toda la gloria habrá un dosel. Será un refugio y sombra contra el calor del día, y un amparo y escondite contra la tormenta y la lluvia."

(Isaías 4:5–6)

Aquí la palabra sucá se refiere claramente no a una protección natural sino a una protección milagrosa.

Ibn Ezra y Rashbam, sin embargo, favorecen la interpretación literal. Rashbam explica lo siguiente: la festividad de Sucot, cuando la cosecha estaba completa y el pueblo estaba rodeado de las bendiciones de la tierra, era el momento de recordar cómo habían llegado hasta allí. Los israelitas revivirían los años en el desierto, durante los cuales no tenían un hogar permanente. Entonces sentirían un sentido de gratitud hacia Dios por haberlos llevado a la tierra. El texto de prueba de Rashbam es el discurso de Moshé en Devarim 8:

"Y cuando comas y te sacies, bendecirás al Señor tu Dios por la buena tierra que te ha dado. Cuídate de no olvidar al Señor tu Dios…
 No sea que cuando hayas comido y te hayas saciado, y hayas construido buenas casas y habitado en ellas, y tus vacas y tus ovejas se multipliquen, y tu plata y tu oro se multipliquen, y todo lo que tienes se multiplique, tu corazón se enorgullezca y olvides al Señor tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud… y digas en tu corazón: ‘Mi poder y la fuerza de mi mano me han hecho esta riqueza.’ Pero recuerda al Señor tu Dios, porque Él es quien te da el poder para hacer grandes cosas, para confirmar el pacto que juró a tus padres, como en este día."

(Devarim 8:10–18)

Según Rashbam, Sucot (al igual que Pesaj) es un recordatorio de los humildes orígenes del pueblo judío, un poderoso antídoto contra los riesgos de la abundancia. Este es uno de los temas generales de los discursos de Moshé en el libro de Devarim y una señal de su grandeza como líder. El verdadero desafío para el pueblo judío, advirtió, no eran los peligros que enfrentaban en el desierto, sino lo opuesto: la sensación de bienestar y seguridad que tendrían una vez establecidos en la tierra. La ironía – y ha ocurrido muchas veces en la historia de las naciones – es que las personas recuerdan a Dios en tiempos de angustia pero lo olvidan en tiempos de abundancia. Es entonces cuando las culturas se vuelven decadentes y comienzan a declinar.

Sin embargo, queda una pregunta. Según la opinión de que las sucot deben entenderse literalmente como cabañas en el desierto, ¿qué milagro representa la festividad de Sucot? Pesaj celebra la liberación de los israelitas de Egipto con señales y prodigios. Shavuot recuerda la entrega de la Torá en el monte Sinaí, la única vez en la historia en que todo un pueblo experimentó una revelación directa de Dios. Según la interpretación de las “Nubes de Gloria”, Sucot encaja en este esquema. Recuerda los milagros en el desierto, los cuarenta años durante los cuales comieron maná del cielo, bebieron agua de una roca y fueron guiados por una columna de nube de día y de fuego de noche. Pero según la opinión de que la sucá no es un símbolo sino un hecho – una cabaña, una choza nada más – ¿qué milagro representa? No hay nada excepcional en vivir en una vivienda portátil si eres un grupo nómada en el desierto del Sinaí. Es lo que los beduinos hacen hasta el día de hoy. ¿Dónde está entonces el milagro?

Una respuesta sorprendente y hermosa es dada por el profeta Jeremías:

"Ve y proclama a oídos de Jerusalén:
 ‘Recuerdo la devoción de tu juventud,
 cómo – como una novia – Me amaste
 y Me seguiste por el desierto,
 por una tierra no sembrada.’"

 (Jeremías 2:2)

A lo largo del Tanaj, la mayoría de las referencias a los años en el desierto se centran en la bondad de Dios y la ingratitud del pueblo: sus disputas y quejas, su constante inconstancia. Jeremías hace lo contrario. Sin duda hubo cosas negativas en esos años, pero frente a ellas está el simple hecho de que los israelitas tuvieron la fe y el coraje de emprender un viaje a través de una tierra desconocida, llena de peligros, sostenidos únicamente por su confianza en Dios. Eran como Sara que acompañó a Abraham en su viaje, dejando “su tierra, su lugar de nacimiento y la casa de su padre”. Eran como Tzipora que fue con Moshé en su misión llena de riesgos para sacar a los israelitas de Egipto. Hay una fe que es como el amor; hay un amor que exige fe. Eso fue lo que los israelitas demostraron al dejar una tierra en la que habían vivido durante 210 años y salir al desierto, “una tierra no sembrada”, sin saber qué les ocurriría en el camino, pero confiando en que Dios los llevaría a su destino.

Quizás hizo falta Rabí Akiva, el gran amante de Israel, para ver que lo verdaderamente notable de los años en el desierto no era que los israelitas estuvieran rodeados por las Nubes de Gloria, sino que eran toda una nación sin hogar ni casas; eran como nómadas sin un lugar de refugio. Expuestos a los elementos, en riesgo de cualquier ataque sorpresivo, continuaron sin embargo su viaje con la fe de que Dios no los abandonaría.

En un grado notable, Sucot llegó a simbolizar no solo los cuarenta años en el desierto, sino también dos mil años de exilio. Tras la destrucción del Segundo Templo, los judíos fueron dispersados por todo el mundo. Casi en ningún lugar tenían derechos. En ningún lugar podían considerarse en casa. Dondequiera que estuvieran, estaban allí por tolerancia, dependientes del capricho de un gobernante. En cualquier momento, sin previo aviso, podían ser expulsados, como lo fueron de Inglaterra en 1290, de Viena en 1421, de Colonia en 1424, de Baviera en 1442, de Perugia, Vicenza, Parma y Milán en la década de 1480, y más famosamente de España en 1492. Estas expulsiones dieron origen al mito cristiano del “judío errante” – ignorando convenientemente el hecho de que fueron los cristianos quienes les impusieron este destino. Sin embargo, incluso ellos a menudo se asombraban del hecho de que – a pesar de todo – los judíos no abandonaron su fe cuando (en palabras de Iehudá Halevi) “con una palabra ligeramente pronunciada” podrían haberse convertido a la fe dominante y poner fin a sus sufrimientos.

Sucot es la festividad de un pueblo para el cual, durante veinte siglos, cada casa fue solo una morada temporal, cada parada no más que una pausa en un largo viaje. Encuentro profundamente conmovedor que la tradición judía llamara a este tiempo zeman simjatenu, “la época de nuestra alegría”. Esa es, sin duda, la grandeza del espíritu judío: que, sin otra protección que su fe en Dios, los judíos pudieron celebrar en medio del sufrimiento y afirmar la vida con pleno conocimiento de su riesgo e incertidumbre. Esa es la fe de una nación extraordinaria.

El Rabino Levi Itzjak de Berditchev explicó una vez por qué la festividad de Nisán tiene dos nombres, Pesaj y Jag HaMatzot. El nombre Pesaj representa la grandeza de Dios que “pasó por alto” las casas de los israelitas en Egipto. El nombre Jag HaMatzot representa la grandeza de los israelitas, que estuvieron dispuestos a seguir a Dios al desierto sin provisiones. En la Torá, Dios llama a la festividad Jag HaMatzot en alabanza a Israel. El pueblo judío, sin embargo, la llamó Pesaj para cantar la alabanza de Dios. Ese, parece ser, el argumento entre Rabí Eliezer y Rabí Akiva acerca de Sucot. Según Rabí Eliezer, representa el milagro de Dios, las Nubes de Gloria. Según Rabí Akiva, sin embargo, representa el milagro de Israel – su disposición a continuar el largo viaje hacia la libertad, vulnerables y en gran riesgo, guiados solo por el llamado de Dios.

¿Por qué entonces, según Rabí Akiva, se celebra Sucot en tiempo de cosecha? La respuesta está en el versículo siguiente de la profecía de Jeremías. Después de hablar de “la devoción de tu juventud, cómo – como una novia – Me amaste”, el profeta añade:

"Israel es santo para el Señor,
 las primicias de Su cosecha."

 (Jeremías 2:3)

 Así como, durante Tishrei, los israelitas celebraban su cosecha, así Dios celebra la Suya – un pueblo que, más allá de todas sus fallas, ha permanecido fiel al llamado del Cielo durante más tiempo, y a través de un conjunto de viajes más arduos, que cualquier otro pueblo sobre la tierra.


questions spanish table 5783 preguntas paea la mesa de shabat
  1. ¿Por qué necesitamos fe para emprender un viaje sin conocer el destino?
  2. Como pueblo, ¿crees que recurrimos más a Dios cuando los tiempos son difíciles o cuando las cosas van bien? ¿Es esto lamentable?
  3. ¿Cómo puede el hecho de sentarnos en una sucá frágil hacernos sentir seguros?

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