Dos relatos de la creación

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La Torá describe dos actos de creación: la creación del universo por parte de Dios, y la creación del Mikdash, o Mishkán, por parte de los israelitas – el Santuario que viajaba con ellos en el desierto, prototipo del Templo en Jerusalén.

La conexión entre ambos no es incidental. Como han señalado varios comentaristas, la Torá establece una serie de paralelismos verbales entre ellos. El efecto es inconfundible. El segundo refleja al primero. Así como Dios hizo el universo, así instruyó a los israelitas para que hicieran el Mishkán. Es su primer gran acto constructivo y colaborativo después de cruzar el Mar Rojo, dejar el dominio de Egipto y entrar en su nuevo dominio como el pueblo de Dios. Así como el universo comenzó con un acto de creación, así también la historia judía – la historia de un pueblo redimido – comienza con un acto de creación:

El universo (Bereshit)El Mishkán (Shemot)
“Y Dios hizo el firmamento” (Gén 1:7)“Y harán para Mí un Santuario” (Éx. 25:8)
“Y Dios hizo las dos grandes luminarias” (Gén 1:16)“Harán un Arca” (Éx. 25:10)
“Y Dios hizo las bestias de la tierra” (Gén 1:7, Gén 1:16, Gén 1:25)“Harás una mesa” (Éx. 25:8, Éx. 25:9, Éx. 25:23)
“Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era muy bueno” (Gén 1:31)“Y Moshé vio toda la obra, y he aquí que la habían hecho; como Dios había ordenado, así la habían hecho” (Éx. 39:43)
“Fueron completados los cielos y la tierra y todo su ejército” (Gén 2:1)“Fue completada toda la obra del Tabernáculo de la Tienda del Encuentro” (Éx. 39:32)
“Y completó Dios toda la obra que había hecho” (Gén 2:2)“Y Moshé completó la obra” (Éx. 40:33)
“Y bendijo Dios” (Gén 2:3)“Y Moshé bendijo” (Éx. 39:43)
“Y lo santificó” (Gén 2:3)“Y lo santificarás, a él y a todos sus utensilios” (Éx. 40:9)

Las palabras clave – hacer, ver, completar, bendecir, santificar, obra, he aquí – son las mismas en ambos relatos. El efecto es sugerir que la construcción del Mishkán fue, para los israelitas, lo que la creación del universo fue para Dios.

Sin embargo, la desproporción es extraordinaria. La creación del universo ocupa apenas 34 versículos (Bereshit cap. 1, junto con los primeros tres versículos de Bereshit cap. 2). La construcción del Mishkán ocupa cientos de versículos (Terumá, Tetzavé, parte de Ki Tisá, Vaiakel y Pekudei) – considerablemente más de diez veces más extensa. ¿Por qué? El universo es inmenso. El Santuario era pequeño, una construcción modesta de postes y cortinas que podía desmontarse y transportarse de un lugar a otro mientras los israelitas atravesaban el desierto. Dado que la extensión de un pasaje en la Torá es un indicador de la importancia que se le concede a un episodio o ley, ¿por qué dedicar tanto tiempo y espacio al Tabernáculo? La respuesta es profunda. La Torá no es el libro del hombre acerca de Dios. Es el libro de Dios acerca del ser humano. No es difícil para un Creador infinito y omnipotente hacer un hogar para la humanidad. Lo difícil es que los seres humanos, en su finitud y vulnerabilidad, hagan un hogar para Dios. Sin embargo, ese es el propósito, no solo del Mishkán en particular, sino de la Torá en su totalidad.

Un Midrash lo expresa de manera gráfica:

“Y aconteció el día en que Moshé terminó de erigir el Tabernáculo” (Núm. 7:1) – Rabí [Yehudá HaNasí] dijo: “En todo lugar donde dice ‘y aconteció’, se refiere a algo nuevo”. Rabí Shimon bar Yojai dijo: “En todo lugar donde dice ‘y aconteció’, se refiere a algo que existía en el pasado, fue interrumpido y luego volvió a su estado original”.

Este es el significado de las palabras: “He venido a Mi jardín, hermana mía, novia mía” (Cantar de los Cantares 5:1). Cuando el Santo, bendito sea, creó el universo, deseó tener una morada en los mundos inferiores, así como la tiene en los mundos superiores. Llamó a Adam y le dijo: “Puedes comer de cualquier árbol del jardín; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no debes comer”. Pero Adam transgredió el mandamiento. El Santo, bendito sea, le dijo: “Esto es lo que Yo deseaba: que así como tengo una morada en los mundos superiores, así también quisiera tener una morada en los mundos inferiores. Te ordené una sola cosa, ¡y no la cumpliste!”. Inmediatamente, Dios retiró Su Presencia a los cielos…

[El Midrash enumera luego los pecados posteriores de la humanidad, cada uno de los cuales hizo que la Presencia Divina se retirara un nivel más de la tierra. Luego vino Abraham y sus descendientes, cada uno de los cuales acercó la Presencia Divina un nivel más…]

Luego vino Moshé y trajo la Presencia Divina de regreso a la tierra. ¿Cuándo? Cuando se erigió el Tabernáculo. Entonces el Santo, bendito sea, dijo: “He venido a Mi jardín, hermana mía, novia mía” – he venido a aquello que deseé desde el principio. Este es el significado de “Y aconteció el día en que Moshé terminó de erigir el Tabernáculo” – la fuente de la afirmación de Rabí Shimon bar Yojai de que “en todo lugar donde dice ‘y aconteció’ se refiere a algo que existía en el pasado, fue interrumpido y luego volvió a su estado original”.

Tanjumá [Buber], Nasó, 24

El Tabernáculo, pequeño y frágil como era, fue un acontecimiento de significación cósmica. Hizo descender la Presencia Divina – la Shejiná, que proviene de la misma raíz que Mishkán – del cielo a la tierra. ¿Cómo debemos entender esta idea? Está contenida en una de las palabras clave de la Torá: kadosh, “santo”.

Como señalaron los místicos judíos, la creación implica un acto de autolimitación por parte del Creador. La palabra olam, “universo”, está directamente relacionada con la palabra ne-elam, que significa “oculto”. Para que exista la posibilidad de un ser con libre albedrío, elección y responsabilidad moral, Dios no puede ser una Presencia tangible en todas partes. Cuando los israelitas oyeron la voz de Dios en el Sinaí, dijeron a Moshé: “Háblanos tú mismo y escucharemos; pero que no nos hable Dios, no sea que muramos” (Éx. 20:19). La Presencia directa e inmediata de Dios es abrumadora.

Lo infinito desplaza a lo finito. Dios es como un padre; y si un padre no suelta, el niño nunca aprenderá a caminar. Soltar significa que el niño tropezará y caerá, pero no para siempre. Finalmente aprenderá a caminar. Así ocurre con otras formas de aprendizaje mediante la acción. En diversas etapas, un padre debe retirarse progresivamente para dejar espacio al crecimiento del hijo. Del mismo modo, Dios debe retirarse si la humanidad – creada a Su imagen – ha de convertirse finalmente en Su “socio en la obra de la creación”. La creación es un acto de autolimitación Divina.

Sin embargo, esto genera una paradoja. Si Dios es perceptible en todas partes, no hay espacio para el ser humano. Pero si Dios no es perceptible en ninguna parte, ¿cómo puede la humanidad conocerlo, acercarse a Él o entender qué desea de nosotros? La respuesta – ya insinuada en el propio relato de la creación – es que Dios reserva, en varias dimensiones, un ámbito que es peculiarmente Suyo. El primero es en el tiempo – el séptimo día (y eventualmente, el séptimo mes, el séptimo año y el jubileo al final del séptimo ciclo de años sabáticos). El segundo fue entre las naciones, después de su división en múltiples lenguas y civilizaciones – el pueblo del pacto, los hijos de Israel. El tercero fue en el espacio – el Tabernáculo. Cada uno de estos es santo, es decir, un punto en el que la Presencia Divina emerge del ocultamiento a la manifestación, de la reserva a la revelación. Así como el Shabat es al tiempo, así el Tabernáculo era al espacio: kadosh, santo, apartado, el dominio de Dios. Lo santo es el ámbito metafísico donde se encuentran el cielo y la tierra.

Ese encuentro tiene parámetros específicos. Es el lugar donde gobierna Dios, no el ser humano. Por eso está asociado con la renuncia a la voluntad humana autónoma. No hay lugar para la iniciativa privada del ser humano. Por eso, más adelante, Nadav y Avihu mueren porque ofrecen un fuego que “no había sido ordenado”. Así como jol (“lo secular”) es el ámbito en el que Dios practica la autolimitación para crear espacio para el ser humano, así kodesh es el ámbito en el que los seres humanos practican la autolimitación para crear espacio para Dios.

Por eso la creación del Tabernáculo por parte de los israelitas es el contrapunto de la creación del universo por parte de Dios. Ambos fueron actos de auto-renuncia mediante los cuales uno hizo espacio para el otro. El elaborado detalle con que la Torá describe la construcción del Mishkán tiene como finalidad mostrar que nada fue hecho por iniciativa de Moshé, o de Betzalel, o de los propios israelitas. De ahí la falta de paralelismo en un punto crucial. Mientras que después de la creación del universo leemos: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era muy bueno” (Gén 1:31), después de la construcción del Mishkán leemos: “Y Moshé vio toda la obra, y he aquí que la habían hecho; como Dios había ordenado, así la habían hecho”. Cuando se trata de lo santo, “como Dios lo había ordenado” es el equivalente humano del Divino “era muy bueno”. Jol es el espacio que Dios hace para el hombre. Kodesh es el espacio que nosotros hacemos para Dios.

questions english 5783 Around the Shabbat Table
  1. Why do you think the Torah spends more time on the creation of the Mishkan than it does on the creation of the entire universe?
  2. What does it mean to make space for God in our busy daily lives?
  3. Bnai Yisrael received instructions from God on exactly how to build the Mishkan. Why couldn’t they just use their own creative initiatives?

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